Psicólogo, interesado por desarrollos relacionados al área cognitiva y constructivista (ciencia básica) y sus aplicaciones en procesos de cambio, tanto en el área clínica como educacional.
Quiero la contingencia apretando el instante.
Haremos de este país un sueño el día en que el sueño deje de inundar nuestras pupilas. Lo que se vive a cada momento es más prometedor, más urgente y más tremendo que la queja que lo expresa. Y esa queja debe llevarla adelante cada quien.
Y el "cada quien" debe reemplazar a "la gente". Es el colmo que a cada retazo de libertad le siga una caravana de desilusiones para las personas que viven en este país cuando nos etiquetan como un grupo.
Somos el "cada quien" en un apretado ovillo de opiniones.
Somos todos y "cada quien".
No hay un espacio claro en el que deba escribir. Pero es una especie de fiebre que anida en los dedos, que se entromete de deseos. Trasciende la meditación. El problema radica en que la escritura en sí misma no deshace al autor, procurando rearmarse en los oídos de quien lee, como un mensaje que siempre es secreto, siempre es único, siempre es musical.
Todo idioma debiera deshacerse de sí mismo. Quizá dejaríamos de agrandar el bache interno con la mente.
El instante vuelve a temblar. Las letras son eternas al leerlas, y el olvido es forma de descanso.
Cuando alguien recobra las letras de entre el polvo y la red, el instante vuelve a temblar. Goethe hizo que su viejo e insatisfecho buscara ese entresijo, aún a costa de su alma. Yo digo que signó de modo penetrante lo posmoderno.
Décimas del Te Deum 18 de Septiembre de 2011, acompañadas de guitarrón chileno. Corresponderían a un Canto a lo Divino de invocación.
"Cuánto nos cuesta la vida
con sus desgracias tan grandes
como ocurrió en Juan Fernández
gente desaparecida.
Somalía hoy sumida
en hambre y necesidad.
Luchemos con unidad
para la patria futura,
así reine la cultura
de la solidaridad.
Clama el joven a su modoFrancisco Astorga Arredondo. Cantor, poeta y payador chileno.
un derecho, no ilusión,
por mejor educación
gratuita y para todos.
Esperanza, codo a codo,
al crecer con igualdad,
caridad en la verdad
con Jesús, sol de justicia,
que con su buena noticia
cambiemos la sociedad."
Me sucede por no almorzar. Por esperar renuente la tarde. Por considerar que las cosas no son como creo que son. Soy una especie de Mesías de mi propia Matrix, pero sin glamour y muy poco punk. Tengo demasiado folk en los dedos.
Respiraré profundo y continuaré. Quizá el indicador de batería está equivocado.
Ricardo I.
Chile no merece menos que una educación gratuita y de calidad, y una Educación Superior que no esté estructurada en torno al "Libre Mercado".
Quiero que las cosas sigan igual.En aquel entonces, ante la perspectiva de la inutilidad de cualquier tipo de cambio, me ganó la desesperanza. Baradit en sus líneas invita a alentar la luz de lo casi perdido: la presencia constante de este sentimiento de que las cosas no son normales así como son, y pueden modificarse.
No quiero monarcas solucionándome las cosas. No quiero que los mercaderes me solucionen las cosas. No quiero soluciones militares. No quiero a Dios solucionando mis cosas.
No quiero que Santiago me solucione las cosas.
La discusión sobre el matrimonio homosexual, transformada ahora en una discusión sobre las uniones de hecho, expone un problema añejo de nuestra sociedad local: la intención encubierta. A fuerza de mantener la exclusividad del matrimonio entre heterosexuales, hace ya dos años se han hecho propuestas para crear un estado artificial, un sucedáneo de unión legal entre personas, que sólo sirve para darle más importancia al matrimonio como institución, y de paso escudarse en que se quiere beneficiar a "la inmensa mayoría" de parejas de convivientes de nuestro país.
La pregunta que los opositores al matrimonio homosexual deberían hacerse es si la institución que defienden, en tanto forma de constitución tradicional de la sociedad, se debe seguir prestando para eufemismos. Algunos le llaman "sagrada institución" por considerar que se trata de una estructura establecida desde lo religioso, pero los datos históricos nos muestran que desde el albor de occidente se trataba más bien de un asunto civil, y que por otra parte ha sido objeto de infidelidades, de la existencia de "hijos por fuera" y otros fenómenos quizá inconfesables. Entonces ¿sigue siendo una institución tan sagrada?
Los más críticos adhieren (y lo comparto) a que el matrimonio sólo opera como un mecanismo patriarcal para la repartición de la heredad, en donde la exclusividad de pareja ha terminado siendo opcional. Por tanto, el matrimonio entre parejas del mismo sexo no debiera ser objeto de jugarretas legales ni de resquicios ni nada por el estilo. Debería aceptarse sin más. Y con ello, se debería abogar de una vez por todas por la diversidad sexual, aspecto cuya negación cotidiana mantiene a personas de carne y hueso en el sufrimiento social y personal.
Por eso, y para erradicar el insulto en que se han convertido las intenciones de consenso de diversos sectores políticos, es que se hace necesario re-conocer las propuestas de quienes apoyan la unión homosexual:
- La (nueva) Fundación Iguales continúa en su campaña de promoción del debate en torno a la diversidad sexual, con todos los actores políticos que se sumen.
- MOVILH hasta ha generado material educativo (ya va en la segunda edición) para sacar a nuestro país de la vaguedad e imprecisión ocasionada una y otra vez por la hipocresía.
Saludos
Ricardo I.
Me quedo en suspenso o detenido el tiempo suficiente para que todo se resuelva en vacío. Puedo hacer que las melodías retornen a mi neurosis. Renaissance, en el rito de las cuerdas. El abismo en el roce de la crin, en el fulgor de bordona quemándose, en la madera que canta.
Albergo esta madrugada otra vez como recuerdo y armónico de mi insomnio.
(Y con La Canción de Sofía, el conocimiento está en menores. La nombrada por esa aurora es una mujer de carne y carne, de hueso quieto. El rito no perdona, y tras la pausa se dibuja la textura de una niña que siempre quiso cantar su propia suerte.)
Mientras caen los acordes: voy resucitando de mi invierno. Tengo treinta y dos, y eso es bueno. Me quedan un siglo para seguir cantando, mi guitarra, y mi corazón porfiando. Quizás halle más razones. Quizás la línea de colores entre el horizonte y el porvenir baste.
Ricardo I.
Llevar un plan de escape escrito en el pensamiento es una forma de vivir. Por ejemplo: salgo cada mañana pensando que volveré a casa, que estaré en calma, que habrá ratos de ocio, que sobrarán los pasos para volver.
Hoy, tras cerrar la puerta, entendí las llaves fuera de mi bolsillo y el reloj se contrajo durante un par de segundos. No había cómo volver al departamento ya vacío. Terminé por recordar todos los planes de escape que alguna vez tracé: imaginé vidrios rotos, trozos de piel dejando entrever la sangre en mis puños, la llegada de otros al pasillo, la policía pisando fuerte y marchando a destiempo para atraparme sin saber que yo era el dueño, o que al menos eso figuraba en los papeles. Pero toda enumeración es inútil más que bella y estimulante, y tras cerrar ese espacio de mi memoria, adiviné el perfil irregular de las llaves en el bolsillo contrario.
Por ahora, nadie se entera de la usurpación. Aún soy el supuesto hermano de alguien que solía vivir allí, con otros sueños y otras ropas, pero con el mismo juego de metales que ahora tintinea en mi bolsillo.
(psycho)
Si el río corre, no podemos dejarlo correr. Si la consciencia fluye, nos es imperiosa la interrupción. Si la vida da un vuelco, no queremos abandonarnos al asombro.
Y ahí está el origen de la enajenación.
Con el tiempo, se descubrió que la Ciencia de la era de la "Modernidad" era más bien una derivación más específica de la Alquimia, y en su argumentación lógica e insuficiente nunca logró sobreponerse a las ideas originales: la constitución elemental del mundo y el universo podían seguir siendo explicadas por un equilibrio delicado y no efímero que abarcaba lo que los habitantes del siglo XXI recibieron de sus abuelos como Geología, Física, Meteorología y la comprensión más refinada posible de la Química Orgánica. Más tarde, la escuela de Extramzen (ex-Shangai) abandonó categóricamente la pretensión de superponer la Biología al estudio global de los seres y las individualidades, con lo cual el modelo de Microcosmos terminó siendo insólitamente revalidado tras lo que Dallington y Pearsen llamaron "el oscurantismo de la Revolución Industrial".
Ese fue el respaldo que los maestros de la Alquimia en los institutos educativos obtuvieron. Sus arduas investigaciones arqueológicas para descifrar el funcionamiento de las deidades de bolsillo con nombres artificiosos y antropomórficos, artefactos hechos de caminos metálicos sobre tarjetas de color verde, piedras movidas con brazos de hierro, instalaciones para comunicación a distancias descomunales por complejos sistemas de cables, impactos constantes de información ante sus rostros, etc, no eran más que el inicio de la refutación definitiva a Galileo y Newton. En cincuenta años de reconstrucción filológica Schwartz emitió su veredicto final, y se hizo pública la condena al vértigo de la técnica, a la praxis de las posibilidades de intervención sobre la vida humana y a los constantes entredichos surgidos de la modificación de las condiciones de acción en el planeta que, por aquella época, llamaban Tierra.
El día 2 de agosto fui testigo y cuasi-protagonista de una marcha en pleno Concepción. Entre veredas quebradas y calles a medio derruir, marchaban en el frío un puñado de personas y un puñado de periodistas. Entre ambos montones de personas, la sensación ineludible de que la voz debía llegar lejos pero no había micrófonos suficientes. Pero el paso era sereno y sin pausa, y las manos se alzaban con ritmo igual y parejo.
Tampoco soy experto en el tema. Yo no sé si recontando ramas en el árbol familiar llegaré hasta una raíz tan atávica como la de aquellos cuyo apellido luce como documento indesmentible. Yo sólo sé lo que hablan en la educación formal: que vivo a orillas del río que servía de frontera (el Biobío), que tras el agua resistieron y se organizaron. Pero una vez que Chile se independiza los historiadores eligen no hablar más del pueblo mapuche. Sólo se menciona otra vez a propósito de la pacificación de la Araucanía.
Sólo fuera de las aulas supe que la tradición mapuche es oral, que tenían un sistema calendario tan sorprendente como el de las culturas mesoamericanas, que comparten con el resto del continente la misma visión sobre la Madre Tierra, que no entienden la bravuconería de ese Occidente forzoso que llegó a poner cercas y límites, ni menos la que incitó a cortar árboles y convertir la tierra en yerma y productora de plantaciones, erosionando el suelo y llenando el majestuoso Biobío en lugar de arenas y de un agua menos presente cada año. Y por supuesto, aprendí que decir "pacificación de la Araucanía" es un eufemismo equivalente a decir "uniones de hecho", "oportunidades de empleo" o "la tasa más conveniente".
Y esa información me hizo recordar que, antes de la escuela, siendo muy pequeño, escuché aquella canción de Quelentaro, y entendía a mis cortos años que quizá el grito podía ser eco de mi vida o de mi ancestro. Tuve un abuelo sospechosamente blanco y de ojos verdes, y otro sospechosamente moreno a muerte. ¿Somos todos Lonconao? No lo supe. No lo sé con certeza. Quizá más de la mitad de las personas de mi país lo son y no lo saben. Otras tantas no quieren reconocerlo, por cierto.
En fin. Hoy, 13 de septiembre, sólo puedo mencionar que las mismas manos que vi alzarse el 2 de Agosto en la calle esperan en alto, a pesar del reality de ciertos trabajadores nortinos. Los mapuche y los grupos que les apoyan siguen a la espera, con la misma calma y el mismo ritmo, pero con un furor y una determinación más profunda en la voz. La paciencia de 500 años no puede sorprendernos. A fuego y a piedra se ha escrito secretamente la historia en torno al pueblo original y esta vez no será la excepción.
Desde mi cubo
Ricardo I.
Son días inmersos en otros días. El fenómeno es irrepetible pero cotidiano: supongamos que tenemos un día cualquiera en que se procede al recuento de los detalles y rutinas del día anterior. Las coincidencias no son tales, sino repeticiones. Un fenómeno incide por sobre otro, pero no lo hace en conjunto con el cúmulo de detalles ignominiosos. Me levanto, entreabro los ojos, voy a la cocina, sólo pienso en el café que me espera, pero la taza y la cuchara son las mismas u otras, y sigue siendo el café de la mañana. En el momento en que me dirijo a tomar la taza no pienso en que sea la misma: sólo me inunda la sensación previa al agua tibia y al amargo caudal de cafeína que ayudará a mis sentidos a organizarse. Antecedo repetidamente (quizá lo hice ayer y lo volveré a hacer) la repetición del sabor, el olor, de la insuficiencia del azúcar, de la cuchara hurgando por otra porción para encontrar el ajuste. Cuando llego al tono deseado, cuando la anticipación coincide con el gusto o la imagen del café que estoy bebiendo, cuando se sincroniza la repetición y la coincidencia, me doy cuenta de que este café no es ni simple ni cotidiano, sino el mismo y para siempre reflejado contra sí mismo.
(Incluso, la imagen de mi nariz o de mi aliento en el oscuro reflejo no soy otra vez yo sino el mismo de siempre cambiando frente a mi café.)
Y luego el agua no es la misma, pero sigue siendo el mismo café de siempre. El agua puede ser incluso parte de mí mismo, pudo haber sido parte de mi mujer, de mi familia, de palestinos o judíos, de mar o de río. Sigue siendo agua y agua clara, corriendo como si sencillo fuera correr por entre las casas y volver. Hace un par de meses correr por entre las casas era un lujo o una estupidez, y mi ciudad se hizo lenta y apestosa por la falta de agua. El café no estaba.
Ese café que no estuvo, que nunca llegó a realizarse, quizá era de otra agua, derivó por otras cañerías hasta la repetición de la rutina de otras personas. Quizá se transformó en un café turco o un capuccino, en Estambul o en Toscana, y el mismo se repitió a sí mismo en el caudal de sus propios rizos repetidos y rememorados por otros tantos que, como yo, en un día cualquiera, proceden al recuento de los detalles y rutinas del día anterior.
La serie original era una transparente metáfora de los regimenes totalitarios, especialmente al nazismo. Por algo los uniformes rojos , la bandera y ese símbolo parecido a la svástica que lucían los reptiloides (y también la propaganda que hacían en la Tierra, que parecía sacada del manual de Josef Goebbels). En la nueva, los ET's parecen vendedores de seguro o de tratamientos de botox. No aterran a nadie. Esta serie (la original) fue uno de los más grandes golazos que la ciencia ficción le hizo a la censura de los ochentas. Es decir, una serie que hablaba de un golpe de estado, de una dictadura en la que comenzaban a desaparecer personas, de un estado policial en ciernes, de censura y de arrestos a destajo cobijados por la mentira mediática... ¡Y lo daban en TVN! Definitivamente, esta versión es la misma historia, pero ha soterrado las metáforas políticas...
(...) El hecho de que parezcan modelos, vendedores de productos de belleza o seguro es justamente el quid del asunto: a quién habría que cargarle hoy por hoy el mote de "régimen totalitario". El imperio de la perfección y la belleza falsa, de la palabra respetuosa que esconde el engaño, o sin ir más lejos, la cordialidad de banco que te ofrece todo pero que te socava tu trabajo a punta de intereses legales...
No quiero sonar revenido, pero me suena justamente a eso. Sólo en el primer capítulo me parece que hay un par de metáforas políticas dignas de observar (la promesa de un sistema de salud universal no sé por qué me recuerda a Obama y la reforma de salud; y eso de las células terroristas, que son ellos mismos pero no son...). El dictador de hoy usa el Manual de Goebbels, pero tiene un depto de márketing más sofisticado.
¿Y no será que en el imaginario colectivo de hoy el mal se parece más a un ejecutivo de Wall Street que a un fanático del régimen nazi? A mí me quedó dando vueltas el asunto del aspecto estético de los V. Digamos que la crisis económica de 2009 puede haber influido en algo (el "ejecutivo" tipo no está muy bien visto por estos días en USA). Tenía claro que el subtexto político de la serie original no podía ser el mismo de la nueva versión, porque han pasado más de 20 años (...)
Allí los besos y más allá abrazos tendidos. Amo mis recuerdos en las calles de Concepción: por allí la niebla, o las calles desiertas en momentos cómplices, o la desilusión en una acera brillante. Siempre las hojas, antes y después y más lejos que el otoño. Todos los recuerdos esparcidos en los senderos, y todos los soles que han sabido cubrirme o tenderme la mano. Toda, toda la lluvia, y las lunas exactas. El pasto tierno del multiverso, la promesa de la aurora, la negrura y la bohemia de un barrio estacionado, un rincón para terminar la noche y el regreso al hogar justo antes de la hora más oscura.
Sigo en mi devenir. Concepción sigue latiendo. Veo a las personas y veo mis manos. Veo las palabras que ahora mismo escribo y veo de nuevo la locura de volar. Ese presagio es todo cuanto tengo para recuperar los sueños.
Cuando todas las cosas se armaron, las personas usaron las manos y los tiernos simples elementos: madera, agua, sorpresa, arena y sonrisas. Allí supieron que lo que hacían era una excusa provisoria, una suerte de tregua con el tiempo para la ilusión, y guardaron ese secreto pequeño en los entresijos.
El tiempo aglomeró su paso sobre las construcciones, y vinieron otros hombres y otras mujeres. Colmaron su vida de la ilusión de los antepasados y creyeron que la materia bastaba para la felicidad. Sin embargo, la Tierra quiso otra vez moverse a su albedrío. Y ahí de pronto asomó nuestra condición estelar en medio de este planeta perdido. Y sin más inmensidad que los escombros del pasado, las heridas abrieron la esperanza: ahí yace la madera, aquí el agua fue y volvió a su incontenible suceder, más allá la sorpresa nos enfrentó al abismo, y aunque nerviosos, nos atrevimos a sonreír entre las lágrimas.
Siguen allí los elementos. Armarlos de nuevo, saber que el tiempo volverá a destruir nuestros frutos es la única certeza que nos queda. La esperanza entonces nos alienta a encontrar las manos de otros en el trecho que nos resta. Y apretarlas para hacer vivir al corazón.